jueves, 1 de marzo de 2018

El bar de los amantes pésimos - Novela en PDF


El bar de los amantes pésimos.
Una novela de Juan Antonio Marín Rodríguez 
© 2017, Juan Antonio Marín Rodríguez


CONTENIDO:

LAS BUENAS INTENCIONES A MANERA DE PRÓLOGO 
PRÓLOGO 
LA PROMESA (INTRODUCCIÓN)
CUESTIÓN DE TIEMPO 

PRIMERA PARTE 
NO PUEDE SER ELLA (2017) 
Día previo a la presentación. Almería
DÍA DE LA PRESENTACIÓN 
Auditorio Maestro Padilla. Almería 
NOCHE ANTES DE LA PRESENTACIÓN 
Restaurante La Consentida. Almería 
TENGO QUE ALEJARME DE TI (2013) 
Restaurante La Consentida. Almería, 2017 
FRAN LOGA 
LA LUCIÉRNAGA 
Restaurante La Consentida. Almería 
EL ROCOCÓ 
Día previo a la presentación. Almería 
Restaurante La Consentida. Almería 
Día previo a la presentación. Almería 
EL CUMPLEAÑOS DE FRAN LOGA 
Benahadux
EL CLUB KASSANDRA Y NASTIA (2013)
El abuelo Pepe. Rioja 
LOS CUMPLEAÑOS 
Tres días antes de la presentación. Hospital Vall d´Hebron.
Barcelona 
Restaurante La Consentida. Almería 
REDENCIÓN 
Almería
LA DECISIÓN 
Día de la presentación. Almería
LA VIDA DE CRIS 
Primeros años. Terrassa, Barcelona. 
Club Kassandra. Almería. Finales del 2011
Cárcel de mujeres. Almería, 2013
LOS DÍAS EN COMA DE FRAN LOGA 
Restaurante La Consentida. Almería 
Hospital de Torrecárdenas. Almería, 2013 
Restaurante La Consentida. Almería 

SEGUNDA PARTE
LA PRESENTACIÓN PRIVADA 
Tres horas antes. Almería
Apartamento de Nicolt. Día siguiente
LA ESTACIÓN DE BARCELONA (2016)
La escritora
La llegada 
Catwoman 
EL REENCUENTRO 
Día de la presentación. 17:00 horas. Almería 
Apartamento de Nicolt. Día de la presentación 
EL ENCARGO (2016)
El serbio. Barcelona 
EL ÁNGEL CAÍDO 
Día de la presentación. Almería 
Apartamento de Nicolt. 19:00 horas
LA PRESENTACIÓN 
Camino al apartamento de Nicolt
Apartamento de Nicolt. 21:50 horas 
La venganza. Dos horas antes 
Auditorio Maestro Padilla. 22:25 horas 
La catarsis. Minutos después 

AGRADECIMIENTOS 
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miércoles, 21 de febrero de 2018

El pensamiento de los sueños - Novela en PDF

 
El pensamiento de los sueños, la nueva novela de Pedro Quintana Moreno (2017)
 



ÍNDICE:

01. El pensamiento de los sueños
02. Un deseo inconfesable
03. El ángel del agua
04. Hasta que muera el otoño
05. La bruja de las flores
06. Sin tiempo para volver
07. Una repentina brisa
08. Alberto
09. Danel
10. La comedia
11. La nada y el caos
12. Singularidades
13. La Maresía
14. Un deseo inconfesable II
15. La casa azul: acto I
16. Templos
17. La cajita de alabastro
18. El jardín del primer beso
19. Designios
20. La casa Azul: acto II
21. Los demonios de dios
22. El ayer siempre muere con la noche
23. Lo que no oculta una mentira
24. El Diácono
25. Los días que se ocultan de la luz
26. El sabor del alma
27. El cuerpo de la vida
28. Un mundo perfecto
29. El Cerro de los Cipreses
30. Una cama sin deshacer
31. La casa azul: acto III
32. El llanto oscuro
33. Un mal parto de la noche
34. En el corazón de una esfera de ámbar
35. La flor de los nueve pétalos de fuego
36. El sentido de las cosas
37. El rastro que deja la luz
38. Lo que se ve cuando se mira
39. El sendero del último aliento
40. Del miedo que a la vida le tienen los muertos
41. Fotos sobre un daguerrotipo
42. El pensamiento de los sueños. Epílogo.

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domingo, 20 de agosto de 2017

PRESENTACIÓN DE LA RECOPILACIÓN DE RELATOS



AQUÍ LA PRESENTACIÓN OFICIAL, DE ESTA ANTOLOGÍA DE CUENTOS Y RELATOS, UN PROYECTO EXTERNO DE PUBLICAR A LOS AMIGOS, QUE CONOCEMOS...

PRESENTACIÓN EN OCTUBRE, EN LA CDMX DEL AÑO 2016

domingo, 4 de diciembre de 2016

ESTO QUE NOS PASA



UNO
Te miro y he de acordarme de esto que dices que nos pasa. Porque tal vez te equivoques al creer que no me quieres, y me equivoque yo si te hago caso, y nos equivoquemos los dos al aceptarlo como algo definitivo.
Puede que eso que te pasa por la cabeza y que te aparta de mí no sea la verdad; que tal vez no estés segura de lo que dices, al fin y al cabo, ayer mismo volviste a compartir algo conmigo: mi dolor. ¿Qué se puede compartir entre dos personas que sea más importante? Y aunque luego vuelvas a decirme lo que ya me has dicho, te desdicen tus gestos. Porque veo que seguimos aquí. Por cobardía. Tal vez por pereza. No me importa si es por pena. Y también cabe la posibilidad de que todo esto que dices que nos pasa, que te pasa a ti, que me afecta a mí, sea sólo una racha de esas en las que todo se junta —mala edad es ésta en la que estamos ¿no lo has pensado?—. Pero, al fin, una época de paso, de esas que van aclarándose a poco que se dejen pasar las aguas bajo los ojos del puente. Por eso estoy decidido a ganar tiempo para nosotros, a tejer a solas los mismos hilos que acepto cortar cuando estoy contigo para que todo sea igual el día que decidas volver de donde quiera que te hayas ido sin acabar de moverte.


OTRO
Hace mucho tiempo que ocurre esto que nos pasa. Y lo sabes. Y también sabemos los dos que te niegas a aceptarlo aún tantos meses después de que yo hubiera reunido valor para decírtelo. Te he concedido mil veces el deseo de hablarlo. La primera vez que te dije esto que nos pasa fue una liberación. Tuviste que notarlo. Tú me conoces. Necesité algún tiempo para encontrar la fuerza. Pero la busqué para evitarte la especulación y la esperanza y la observación de mis gestos y la búsqueda de significados en cada mudanza de ánimo. “No te quiero”, te dije, encontrado el valor y agotada ya la posibilidad de que mis sentimientos pudieran cambiar nunca. Qué tercos son los sentimientos ¿no crees?; qué terca es la realidad ¿no te parece?; y qué terco el cerebro, la máquina que no para de pensar y rumiar hasta que encuentra las palabras exactas para explicar lo que sentimos. Yo también sé de despertarme por las noches, de hacerme la dormida. Pero pensé, ingenua, que con esas tres palabras era suficientes. “No te quiero”, te dije. Y no encontré una frase menos ambigua, ni que permitiera insinuar otra cosa que no fuera lo que dice. No te quiero. ¡Qué importa que siga compartiendo contigo una pena, una comida, un lugar! Esto es lo que te digo que nos pasa. Que nos afecta, porque se acabó el tiempo y ya no disponemos de más para andar buscando motivos, ni para andar destejiendo mortajas, ni para sentarnos a ver cómo pasan las aguas bajo los ojos del puente turbias y veloces.

sábado, 16 de mayo de 2015

El gusanito

Tras todo el día arrastrándome arriba y abajo, llegué a la lechuga. La olí y mordisqueé con precaución. Tal como había imaginado, estaba crujiente y deliciosa, mucho más que las hojas del árbol que había abandonado. Como ya oscurecía, me acurruqué cerca del cogollo para pasar la noche.
 
Con los primeros rayos del sol, estiré las patas y me lancé sobre una de las hojas más tiernas, casi blancas. La perforé cerca del centro y fui mordiendo de modo regular, dejando un agujero de bordes festoneados cada vez mayor. En uno de los bocados noté algo viscoso. Dos cuernecillos asomaron por el agujero:
—¿Qué haces? ¡Me has mordido...! —Se quejó el caracol.
—Disculpe, señor caracol, no lo había visto. —Me excusé—. Ya lo ve, estoy comiendo esta hoja tan jugosa... ¿Usted no come? Está muy buena.
—Hoy haré dieta, esta noche he ido un poco suelto... —El caracol se deslizó hasta ponerse a mi lado. Me miraba con curiosidad, moviendo sendos ojillos que remataban cada uno de los dos cuernos—. Pero ¿tú no eres un gusanito de seda?
—¿Yo...? No lo sé. Todos mis hermanos están allí, en aquel árbol de hojas ásperas y malolientes. —Señalé la morera.
—Y allí deberías estar tú también. No tengo duda de que eres un gusano de seda, y aquella es tu comida, no ésta. Harías bien en volver allí si no quieres tener problemas. —Y, muy despacio, el caracol se fue deslizando hacia otra hoja, sin despedirse.
Seguí a lo mío, saboreando en cada mordisco aquel manjar recién descubierto. El esfuerzo había valido la pena. Estaba a punto de terminar la hoja cuando pasaron a mi lado dos mariquitas. Caminaban rápidamente, como si tuvieran prisa, y apenas me prestaron atención. Alcancé a oír algo de lo que hablaban:
—¿No es éste un gusano de seda?
—Lo es. Si come lechuga se le van a secar los sesos. Allá él, no es cosa nuestra.
¡Qué sabrán esas mariquitas!, esto está buenísimo, me dije. Empezaba a sentir la panza llena, pero aún cabría algún bocado más, por lo que me moví a otra de las tiernas hojas y seguí mordisqueando. Una fila de hormigas se cruzó conmigo. Eran muchas, y cada una me decía algo diferente:
—Gusanito...
—...si comes lechuga...
—...te quedarás ciego...
—...se te hinchará la panza...
—...te saldrá rabo...
—...te volverás tonto...
—...te quedarás cojo...
—...se te caerá la piel a tiras...
Y siguieron pasando y haciéndome terribles predicciones. Yo me decía: ¡qué sabrán estas hormigas ignorantes!, siempre unas detrás de otras. Algo tan delicioso no puede ser malo. Unos días después se me hinchó la panza, empezó a caer la piel a tiras y me asusté. ¿Tendrían razón las hormigas? Pero debajo de aquella piel apareció otra más bonita, y no hice más caso.
 
Seguí comiendo y comiendo día tras día, hasta que de pronto un hilo muy fino que salía de algún lugar cerca de mi cola empezó a envolverme. Yo no sabía qué era aquello, pero tenía tanto sueño que me acurruqué sin moverme, hasta sentir que estaba completamente envuelto en una capa muy suave y amarillenta. Después, debí de quedar dormido.
 
Cuando desperté, no me reconocí. Mi cuerpo, antes largo y delgado, era entonces una bola rechoncha y peluda, con unas alas demasiado pequeñas para algo tan pesado. Sentí que me asfixiaba y mordí con furia la capa suave y amarilla para escapar de mi prisión. Avancé unos pasos y me quedé, ciego e inmóvil, sobre los restos de la hoja que días antes había empezado a mordisquear.
 
Llevo así tres días. Soy incapaz de probar bocado y de moverme. Sólo espero no sé qué, pero no llega. Siento un ansia que no comprendo, la necesidad de estar con mis hermanos, mas las fuerzas me abandonan a cada hora que pasa y se me hace imposible volver al árbol donde sé que ellos están. Recuerdo ahora las advertencias de las hormigas sabias y me pregunto por qué ninguna me advirtió: Te quedarás solo.
 
©Fernando Hidalgo Cutillas - 2015